jueves, 24 de abril de 2014

FUNDACIÓN IÑAKI OCHOA DE OLZA - SOS HIMALAYA


Acabo de volver a ver Pura Vida, the ridge: en la cara sur del Annapurna, a 7.400 metros, Iñaki Ochoa de Olza se está muriendo. Su compañero de cordada da la alarma. Y, desde el otro lado del mundo, el mayor intento de rescate en la historia de la cordillera del Himalaya se pone en marcha: Entre el 19 y 23 de mayo de 2008 en el Himalaya una suma de hechos y de voluntades forjaron una historia sin precedentes, ejemplo de la valía personal de un grupo de alpinistas de diez nacionalidades diferentes que no dudaron ni un instante en jugarse la vida por un amigo. Prescindiendo de cualquier razonamiento, se lanzaron sobre los lomos de la montaña de 8.091 metros, elevando el valor de la amistad hasta su máxima expresión al intentar sacar a Iñaki de aquella tienda en las peores condiciones que la montaña les podía ofrecer. A su vez, desde Pamplona, su familia y amigos más íntimos vivieron igualmente las horas más intensas coordinando las labores de rescate minuto a minuto y maniobrando al más alto nivel que les fue posible, empujando también desde casa. Conectados con el campo base del Annapurna, Nancy Morin, la novia de Iñaki, informaba a Pamplona de todos los detalles del operativo de rescate. Había que sacar a Iñaki vivo de aquella montaña... pero no fue posible.

Parte del equipo de rescate, de vuelta en Pokhara. De izquierda a derecha: Horia Colibasanu, Mihnea Radulescu, Simon Anthamatten, Ueli Steck, Alex Gavan, Don Bowie, Nancy Morin, Sergey Bogomolov, Denis Urubko (agachado), Valery Gubanov, Alexey Bolotov y Robert Szymczak.

Movilizar a semejante equipo al grito de "Iñaki está en peligro" no es fácil. Detrás del nombre del alpinista, hay una persona con carisma, honesta, sincera y solidaria. Una persona muy querida por aquellos que tuvieron la suerte de conocerle.

Iñaki Ochoa de Olza Seguin, nació en Pamplona el 29 de mayo de 1967. Protagonizó multitud de expediciones al Himalaya escalando 12 de las 14 montañas más altas del mundo a lo largo de dichas expediciones, y se convirtió en uno de los mejores alpinistas de su tiempo, comprometido con la montaña, riguroso en su estilo y tan sólido en su manera de escalar como su propia filosofía acerca de cómo abordar los ochomiles. 

Iñaki Ochoa de Olza

Iñaki deseaba devolver a los niños más pobres, huérfanos y necesitados de los países con montes de más de 8.000 metros, parte de lo que él había recibido. De esta manera, empezó a recaudar fondos con tres objetivos: construir un orfanato en Katmandú, un hospital infantil en el norte de Pakistán y una escuela en Dharamsala (India), sede de buena parte del exilio tibetano. Así lo manifestó tanto por escrito como en conferencias y entrevistas desde al menos el año 2006, un par de años antes de morir.

Su fallecimiento interrumpió este proyecto. Pero su familia y amigos, con la puesta en marcha de la Fundación Iñaki Ochoa de Olza - SOS Himalaya, ha tomado el relevo y el reinicio de este sueño.



La Fundación, está ayudando a cientos de niños a alejarse de la miseria y a construir su propio futuro gracias a la edificación de escuelas en regiones remotas, a los pies de esas montañas que atraparon la imaginación de Iñaki. 



Hasta el momento y desde 2008, todos los ingresos de SOS Himalaya proceden de donaciones privadas, venta de camisetas, beneficios por los libros o charlas y conferencias. No reciben subvenciones públicas.


La Fundación necesita más que nunca apoyo y colaboración de todas las personas anónimas que buscan hacer de este mundo un sitio mejor para todos. Con su próximo proyecto pretenden construir un orfanato en Katmandú, capital de Nepal, para cubrir las necesidades de tantos niños que viven en sus calles, aquejados de falta de medios, educación y un tradicional sistema social que impide que se asomen a un destino más allá de la supervivencia. Para ello solicitan ayuda para encontrar financiación, algo en lo que todos podemos colaborar siguiendo la información de su página web.


Descansa en paz, Iñaki. Tu memoria y tus proyectos siguen vivos...














martes, 8 de abril de 2014

FERRATA SANTO CRISTO DE OLVENA


Tras hacer la ferrata Peña del Morral, Agus y yo salimos de Graus casi sin quitarnos el arnés pues, en apenas unos kilómetros acometeríamos otra: la vía Santo Cristo de Olvena.

Esta ferrata transcurre por un espolón rocoso situado junto al pueblo de Olvena. Comienza en el margen del río Ésera, al lado del puente de la Sierra, y finaliza en el mirador de Olvena. No es complicada, pero sí espectacular: las vistas del congosto mientras subimos son impresionantes, así como la panorámica que tenemos al llegar al mirador con vistas al Monte Perdido, Aneto, Turbón... etc.

Saliendo de Graus por la N-123 en dirección Barbastro, a la altura del km 16, hay una zona donde podemos dejar el coche a mano derecha, justo antes de la entrada a un túnel. Nos ponemos el equipo y cruzamos el puente de la Sierra.
Río Ésera, con su característico color azul turquesa.
Puente de la Sierra.

Técnicamente se trata de un camino equipado más que de una vía ferrata, pues hasta el final no veremos las primeras y últimas grapas, concretamente siete.

Tras cruzar el puente giramos a mano derecha y, a los pocos minutos caminando, comienza la vía. Comenzamos ascendiendo por una canal equipada con la sirga de seguridad.

El itinerario se adentra rápidamente hacia la canal que será el principal lugar donde se desarrolla la vía, y poco a poco se va estrechando, obligándonos a subir y caminar sobre ella.

Lo divertido de esta ferrata, es intentar realizarla sin agarrarte a la sirga de seguridad, utilizar la roca para ir ascendiendo como si se tratase de escalada. Confieso que nosotros en algún tramo complicado "hicimos trampas", pero poco...

Ojo con la sirga, que en algunos tramos está muy mal, con el riesgo de sufrir algún corte.

Cuando ya creemos que estamos llegando al final de la vía, el recorrido gira a la izquierda y vamos hacia la arista.

Seguimos progresando por terreno fácil hasta encontrar un resalte vertical.

Ya sólo nos queda superar el paso más delicado: un flanqueo ascendente equipado con grapas para las manos en una zona donde la roca resbala lo suyo...

Y llegamos al mirador.


Comimos junto al mirador, y después bajamos a por el coche y a casa.














martes, 1 de abril de 2014

FERRATA PEÑA DEL MORRAL


Después de dejar aparcadas durante un tiempo las vías ferratas, Agustín y yo decidimos ponernos al día y quedamos para acometer, no una, sino dos ferratas la misma jornada. 

A las 8 de la mañana paso a buscar a Agus y nos vamos de tirón hasta Graus. No hace mucho que estuve en esta localidad (concretamente hace un mes, para el año nuevo tibetano), y me enteré que el verano pasado se inauguró una nueva vía que llega hasta el mirador del Santo Cristo: la ferrata Peña del Morral.


Sobre la Basílica, la Peña del Morral por donde transcurre la ferrata hasta el Santo Cristo (arriba a la derecha).


Tras girar unos 300º en la rotonda del centro de Graus, continuamos rectos hasta la calle General Mur. Allí está el acceso, o mejor dicho, "hueco" que hay bajo una casa, por donde se supone que podemos continuar motorizados hasta los pies de la Basílica... pero lo vi muy estrecho, demasiado para el cariño que le tengo a mi coche. En esa misma calle aparcamos y nos metimos en una cafetería cercana. 

Después de desayunar, cogimos el material y tras caminar apenas cinco minutos, llegamos a la pequeña explanada que hace de parking (para unos 5 ó 6 coches, no caben más...). Allí mismo, se encuentra el cartel informativo de la vía ferrata y nos detenemos a leerlo mientras nos ponemos el equipo.

Dicen que es una vía ferrata de las "fáciles" (PD+, K-2), pero poco más sabemos de ella. Es demasiado nueva para aparecer en el libro que tengo sobre ferratas, y todavía (a fecha de publicación de esta entrada) no se ha escrito nada en la web deandar, donde siempre nos informamos antes de acometer una vía.





Comenzamos la aproximación en la dirección indicada.


En apenas unos minutos caminando por un sendero, llegamos al inicio de la ferrata: comenzamos con una repisa de unos 10 metros de largo, tan ancha que casi sobra la sirga de seguridad.


Continuamos por el primer tramo vertical equipado con grapas de acero corrugado. A continuación hay un flanqueo ascendente hacia la derecha, haciéndonos subir en diagonal.


Alcanzamos una zona menos inclinada, donde progresamos con ayuda de unas cadenas.


Llegamos a una repisa bajo un desplome. Para superarlo, tenemos una escalera.


La escalera nos lleva de nuevo a la roca equipada con grapas, que asciende por un paso esforzado por el ligero desplome, y vuelve a bajar dibujando una "U" invertida para superar un gran resalte que dibuja la pared. Este ha sido el punto más complicado de la vía.

Desde aquí accedemos a una larga travesía horizontal que transcurre por una faja natural que recorre la cara N.O. de la peña durante 70 metros.



Continuamos ascendiendo por un paso desplomado que nos hace tirar de brazos.


Pasamos al último tramo vertical que, poco a poco, se va tumbando desapareciendo la grapas y nos ayudamos de cadenas.


La roca se va haciendo más y más horizontal hasta que llegamos a salir caminando al final de la ferrata.
Autofoto al terminar la ferrata.


¿Un traguito para celebrarlo?

Para descender, tomamos el camino que va hacia la Basílica de la Vírgen de la Peña.




Atravesamos el pasillo-mirador que precede al templo, y llegamos al punto de partida.


Tras dejar el equipo en el coche, nos dimos una vuelta por Graus con cervecita en una terraza de la Plaza Mayor incluida...

Y sin demorarnos mucho, volvimos a la carretera. Aún haríamos otra ferrata antes de volver a casa: la vía Santo Cristo de Olvena.