lunes, 7 de marzo de 2016

FERRATA HIPOCRÁTICA DE CALCENA


Desde que hicimos hace casi dos años las vías ferratas Peña del Morral y Santo Cristo de Olvena en el mismo día, Agustín y yo no hemos vuelto a realizar ninguna juntos, y esto no puede ser: este finde quedamos ¡a ferratear! 

La meteo no es muy propicia: frío y lluvia o nieve por todas partes incluido el prepirineo, así que empezamos a buscar ferratas que no estuvieran a una burrada de kilómetros y con buena predicción meteorológica... casi nada. La web deandar, como siempre, nos facilitó mucho las cosas y, por fin elegimos nuestro destino: la vía ferrata Hipocrática de Calcena, en la llamada cara oculta del Moncayo.



A las 10 en punto paso a buscar a Agus, y tomamos la A-2 dirección Madrid. Poco antes de llegar a Calatayud, tomamos la salida 255. Tras pasar Sabiñán, Morés, Brea de Aragón, Illueca, Gotor, Jarque y Oseja, llegamos a Calcena. Total 112 km y una hora y tres cuartos de coche.

Poco antes de llegar, y nada más pasar un puente que cruza el Río Isuela, hay un cruce. A la derecha podemos divisar ya Calcena y tenemos la Ermita de San Roque. A la izquierda hay un pequeño aparcamiento, y allí dejamos el vehículo.



Cogemos el equipo del coche y también los impermeables, pues nos había nevado por la carretera hasta poco antes de llegar. Volvemos a cruzar el puente, y tras unos treinta o cuarenta metros siguiendo la carretera en dirección contraria a como hemos venido, está el cartel que indica la ferrata a nuestra derecha. No tiene pérdida, porque enseguida se ve la pared por donde discurre la ferrata y el equipamiento de ésta.



Se trata de una ferrata de categoría K-2. Está muy bien equipada, pero por si nos parecen pocas grapas, tenemos agarres naturales en casi todo el recorrido. Eso sí: hay un desplome.

Esta vía, se construyó al cerrarse y desmontarse la vía ferrata La Ojosa, ya que estaba en una peña de anidamiento del alimoche, una especie que ha sufrido tal retroceso poblacional, que ha dejado a esta rapaz en una peligrosa situación.

Comenzamos la ferrata ascendiendo por las grapas verticalmente.





Agus comienza a protestar porque la sirga está a la izquierda en vez de a la derecha como suelen estar, y que si es una ferrata para zurdos... y yo mientras (que soy zurdo) me reía.





Tras unos cuantos metros de absoluta verticalidad, la ferrata se desplaza hacia la derecha en ligero ascenso.






A continuación hay otra larga ascensión vertical, pero esta vez además, con un desplome. Es el tramo más deportivo de toda la vía.




El paso desplomado nos lleva a la izquierda, sin embargo las grapas donde apoyamos los pies quedan a la derecha, así que hay que tirar de brazos...




Pasado el desplome hay una pequeña repisa, donde espero a Agustín. Ha salido el sol y empieza a hacer calor pero dura poco, pues de repente se vuelve a nublar y de nuevo vuelve a nevar.




Ascendimos unas cuantas grapas más, y llegamos a la cima cresteando por la roca. Desde arriba las vistas a las Peñas del Cabo son preciosas...






Tres grapas más para facilitar el paso y por fin llegamos a lo más alto. 


¡Cimaaaaaa...!

Unos metros más adelante, desaparece la sirga de seguridad dando por concluida la ferrata. A partir de aquí comenzamos el descenso. No está muy bien marcado, así que vamos siguiendo los hitos de piedras que vamos encontrando aquí y allá... 

El retorno se hace a través del barranco que discurre paralelo y a la izquierda de la ferrata. En algunos momentos la bajada es pronunciada, pero han equipado unas cadenas que nos ayudan a descender.





Recogimos el equipo en el coche, y nos fuimos a la cercana Ermita de San Roque a comernos la empanada de atún que había traído Agustín.




La verdad es que de Ermita tiene poco, pues ahora es un refugio con chimenea y todo. El cartel de la entrada dice que un día "desapareció" el retablo, y desde entonces se habilitó para refugio.


Ñam ñam... qué rica nos supo...

Y poco más hicimos. Nos tomamos un café en el albergue de Calcena, y para Zaragoza de nuevo.





martes, 1 de marzo de 2016

IBÓN DE ESTANÉS CON RAQUETAS


La Federación Aragonesa de Montañismo lleva ya diez años promoviendo el Día del Raquetista, que pretende reunir tanto a practicantes asiduos a esta modalidad invernal, como a los que quieran acercarse a ella. Este año, el organizador de este evento es el Club Pirineista Mayencos de Jaca, que cumple el 60 aniversario de su fundación y organizan diversas actividades para su celebración, y una de ellas es precisamente el X Día del Raquetista FAM.

Detalle del buff que nos regalaron a todos los participantes.

Fernando y yo nos apuntamos para esta raquetada, y a las 7 de la mañana salíamos en uno de los dos autobuses que partieron de Zaragoza. Tras una breve parada en Huesca para recoger a mas participantes, llegamos a Villanúa. Aquí, los que no disponían de raquetas pudieron alquilarlas junto a los bastones por un precio muy económico, mientras los demás desayunábamos.


Plano de la ruta.

De nuevo en los autobuses, los organizadores nos regalaron unos buff de recuerdo, y dijeron que íbamos a la vertiente francesa del Puerto de Somport para iniciar desde allí la marcha hacia el ibón de Estanés. Se trata de una excursión de unos 9 km, con un desnivel acumulado de +450 m, que si bien es de baja dificultad en verano, con nieve se considera de media. Nos propusieron hacer tres grupos: el primero con gente experta en raquetas y buena forma física, el segundo para raquetistas ocasionales pero con experiencia, y el tercero para principiantes o con baja forma física.


Comenzando entre el bosque.

Una vez llegados al aparcamiento de Sansanet, y reunidos los 120 participantes, nos colocamos las raquetas. Le pregunto a Fernando si nos incorporamos al primer o al segundo grupo, pero éste me dice que irá en el mismo grupo en el que vayan unas chicas en las que se había fijado en Villanúa y a las que quería conocer... así que fuimos en el segundo. 






Salimos del aparcamiento, y nos internamos directamente en el bosque. La salida del mismo coincide con la muga, de modo que ya por territorio nacional, se alcanza una perfecta atalaya para admirar a nuestra izquierda la Chorrota del Aspe, que canaliza las aguas de la vertiente norte de este espectacular macizo.  





Siguiendo un poco, se llega a la confluencia con el itinerario actual del GR-11, justo a la entrada del barranco, lo que obliga a cruzarlo para atravesar un pequeño plató, y comenzar la ascensión por unas rampas con relativa dureza. El día no nos podía haber salido mejor: un cielo azul precioso, y una temperatura media de 17º, que en ocasiones y por el esfuerzo nos hizo sudar.





Posteriormente se llega a terreno más cómodo que permite presentarnos ya en un alto, el Ibón de Estanés, que luce una lámina helada en más de la mitad de su superficie. Allí nos abrigamos y esperamos a los más rezagados.


Fernando y yo en el Ibón de Estanés.
Foto de grupo de todos los participantes.

Tras la foto de "familia" comenzó del regreso. Esta vez sin grupos establecidos y cada uno a su ritmo bajamos por el mismo itinerario. El descenso se hizo grato por el barranco, pero al llegar al Puntal del Tacho y comienzo del bosque, las altas temperaturas habían transformado completamente la nieve, haciendo más dificultoso el caminar.


Fernando descansando entre sus nuevas amigas.

Terminamos la jornada con una magnífica comida en un restaurante de Villanúa, y de vuelta al bus para regresar a Zaragoza.